Fundraisers perezosos: el riesgo de no ver más allá de la nariz.

slothSeth Godin, en su publicación “Otros tipos de pereza“, diferencia brillantemente entre  la pereza obvia -esa por la que nos ahorramos grandes esfuerzos, la que nos evita tareas extenuantes, la que nos hace dejar el trabajo pesado a otros o desaparecer por muchas horas cada día- y una muchísimo más dañina, que se manifiesta de otras maneras.

En esta segunda pereza se encuadran, según Seth, la pereza del racismo o del sexismo -que nos hace descartar a las personas (o premiarlas) sin tener que tomarnos el trabajo de considerarlas por lo que realmente son-; la pereza de la burocracia -que nos impide ver a las personas correctas cuando las tenemos enfrente, opacadas por costumbres y sistemas pre determinados-; la pereza de las reglas generales -que nos evita meternos de lleno en el problema que tenemos frente a nosotros, y nos exime de responsabilidades en las decisiones que tomamos-.

Otro ejemplo citado por Seth es el de la pereza de la adhesión ciega a las “mejores prácticas” y los pensamientos poco rigurosos, una pereza que amenaza nuestro oficio, a los donantes y a las organizaciones a las cuales prestamos servicio. O la pereza de permitir que nos digan qué hacer, delegando las decisiones en otros lo suficientemente valientes como para decirnos lo que deberíamos hacer.

Y por último -y la que nos toca más de cerca, quizás- la pereza que surge de no estar dispuestos a afrontar la incertidumbre.

El futuro de nuestro oficio y de nuestro sector consiste, nada menos, en gestionar y dominar la extraordinaria y ardua tarea de abrazar la incertidumbre y aprovechar las oportunidades inmensas que surgen de la ella y de la ambigüedad.

Los fundraisers “perezosos” seguirán aceptando, ciegamente, las prácticas convencionales y las viejas creencias, basándose firmemente en que “si otros lo hacen, entonces, yo también.”
Los fundraisers “perezosos” seguirán desoyendo las opiniones, las necesidades y los comentarios de los donantes, mientras que, despreocupadamente, se centran en sacar el máximo provecho de sus destinatarios, campaña tras campaña. Ellos nunca entenderán por qué, a veces, “menos es más”.
Los fundraisers “perezosos” seguirán entorpeciendo su propio crecimiento y, por consiguiente, el de su organización, al ignorar los últimos hallazgos de las ciencias de la conducta y lo que nos pueden enseñar acerca de nuestra práctica.
Los fundraisers “perezosos” continuarán entregándoles su futuro a las agencias y consultores que ofrecen los mismos viejos enfoques envueltos, llamativamente, en la última y brillante terminología especializada.
Los fundraisers “perezosos” se entregarán y harán cualquier cosa por trabajar para los directores ejecutivos a los que no les importan los donantes y el personal;  y para las juntas directivas que desprecian o ignoran todo lo anterior.
Los fundraisers “perezosos” seguirán uniéndose ciegamente a asociaciones de muy bajo nivel y calidad, y asistiendo a conferencias donde los contenidos y la originalidad de las reflexiones son penosamente arcaicas.

Como señala Seth: “Cuando buscamos un atajo, una excusa o una salida fácil, lo que hacemos es alimentar nuestra pereza”.

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