A veces me siento el Grinch del fundraising

Imagen1Odio la Navidad. Y no es porque Papá Noel no me trajera regalos de niña, ni porque haya tenido un encuentro desagradable con un duende toquetón, para nada… Es que he trabajado años con jefes de Europa que no entienden lo que es la Navidad con calor. Y con fin de año, y con las compras… y todo el mundo loco, y los jóvenes preparándose para los exémanes…

En Europa se ve la Navidad como una época de introspección, de recogimiento, de familia, de nieve, frío, ricos pasteles humeantes, mazapán y ponche.

En ese marco, una carta de una organización que solicita apoyo para una causa noble no puede ser nunca mal recibida. Por el contrario. suma puntos al momento íntimo, al encuentro y al puente con el otro.

En América del Sur. en cambio, donde he trabajado en ciudades como Buenos Aires o San Pablo, todo es humedad, calor, lluvias, locura. Los niños huyen de su casa, se van al club, adonde sea, es casi imposible mantenerlos bajo control, los precios suben, los gastos se multiplican…

Y en medio de esa locura… ¡mis jefes pretendían que yo recaudara fondos! Además de los balances, las evaluaciones de fin de año, las planificaciones, y tantas otras cosas… la maldita campaña de Navidad. Nunca les pude hacer entender que la Navidad no es buen momento para el fundraising.

Bueno, supongo que para organizaciones cristianas será otra historia. A mí siempre me ha tocado trabajar en organizaciones laicas, y eso me ha convertido en el Grinch.

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